Desde el principio de los siglos hemos sufrido guerras y destrucciones en nuestra Ciudad, Miróbriga (Ciudad Rodrigo). ya los vetones pensaron en este asentamiento como lugar clave de supervivencia. Luego conquistada por los romanos, su situación fronteriza, el carácter guerrero y luchador de sus habitantes, hizo de miróbriga un punto indispensable en las campañas contra los batallones lusitanos.

Su situación estratégica, cercana a Portugal y al norte de territorio árabe, fue clave para la repoblación medieval. Y, después, toda una historia épica marcada por los continuos asedios, las luchas de poder, las guerras, la destrucción y el resurgimiento de las cenizas. La ciudad fue escenario clave para la guerra de secesión de Portugal, la de sucesión y la guerra de la independencia. Una trayectoria vital marcada por la lucha, el sufrimiento, la superación y el sentimiento de pertenencia reflejado en carácter, cultura y tradición.

En definitiva, herencia ancestral transmitida a lo largo de generaciones. Buen ejemplo, la fiesta ancestral de la matanza del cerdo donde se congregaba toda la familia y amistades a modo de primitiva celebración, se materializaban las múltiples sacadillas en el ritual mondonguero: sacadillas para consumir de fresco, conservar en sal o mantener embutidas; unas señoriales y de alta alcurnia como los solomillos, los lomos, los jamones, o chorizos buenos; otras plebeyas y modestas, como los chorizos de bofe, de huesa y de gorduras, las morcillas o los humildes farinatos. Son éstos, humildes farinatos los que dan nombre a los lugareños de Miróbriga (Ciudad Rodrigo), por la importancia que tuvo en la dieta de los guerreros que expulsaron a los judíos de Castilla y León por orden de los Reyes Católicos.

Todas estas vivencias han forjado a los farinatos…… estirpe guerrera, solidaria y divertida, que a lo largo de sus años de historia han ganado y perdido batallas, han ofrecido su ayuda y también la han pedido…

Un auténtico farinato nunca se rinde, ha defendido su Ciudad, de ahí que se haya mantenido fuerte como el corazón de su gente.
Un auténtico farinato se agarra, trepa, lucha, se ensucia, defiende, protege, ayuda….
Un auténtico farinato antes de la batalla se entrena y justo antes del duelo grita a las preguntas de su general...

¡Farinatos! ¿Qué?
¡Farinatos! ¿Qué?
¡Farinatos! ¿Qué?
Todos juntos: “¡A por la victoria!”